Mentiría al decir que estoy bien, porque no es así;
porque mis ganas de vivir sólo llegan con un puñado de pastillas.
Tener que sonreír forzadamente cuando algún ser "querido" pasa por delante
para que no vean lo muy en la mierda que estoy,
hacer un esfuerzo sobrehumano por no perder el control y hacerme daño de nuevo,
fantasear cada dos por tres con matarles de una vez...
Me asusto al pensar en lo que sería capaz de hacer,
en lo poco que significan para mí las personas en el fondo.
Salgo a la calle con la música bien alta para evadirme de la realidad
porque ya no tengo un lugar al que llamar "hogar" o "refugio".
Me siento como una bala perdida que aún sigue sin impactar con nada,
como un asteroide vagando por el espacio,
como un barco a la deriva en un mar de depresión.
No sé para qué sigo en pie caminando sobre este suelo que se muere poco a poco
sin un rumbo fijado, dejando a medias todo lo que empiezo
cual niño que se encapricha con un juguete y lo deja abandonado a los dos días.
Tengo ganas de llorar, pero no recuerdo la última vez que lo hice;
parece como si ya mis glándulas estuvieran secas, sin lágrimas
que deslizarse por mi rostro mientras la respiración se me corta.
Llevo meses sin escribir poesía,
no considero a esto un poema como tal, sino una forma de desahogarme
porque ya no me quedan muchas formas de hacerlo.
No sé si alguien seguirá leyendo esto o si sentirán pena por mí;
me da igual, pues no busco la atención de nadie.
Dice la psicóloga que estoy mal;
dice la psiquiatra que estoy mal...
¿Por qué he de decir que estoy bien?
¿Por qué he de callarme todo el dolor?
¿Por qué la "ayuda" viene en comprimidos que tengo que ingerir?
Ojalá algún día esto acabe, por favor.
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