miércoles, 28 de junio de 2017

Apagarse lentamente

No puedes esperar a encontrar algo bueno entre todo lo malo
cuando la ilusión te ha abandonado en un desierto
con dunas formadas por granitos de un destino que te condenó
a vivir por lo que no es tuyo, siempre y cuando te lo permitan.
Te enseñan a no depender de nadie, a ser fiel a ti mismo,
a aceptar que nadie va a poner la mano en el fuego por ti...

Pero, ¿cómo no vas a depender de nadie cuando no tienes nada?
¿Cómo vas a serte fiel cuando ya no eres el mismo?

Cuando el daño se hace, no hay vuelta atrás
ni tiempo que valga la pena esperar para sanar.
Habrá momentos en los que el dolor se disipe un poco,
pero sólo estará dormido para volver a despertarse y sacudirte;
justo en ese momento que te creías fuerte, recuperado,
que por fin podrías empezar a levantar la cabeza sin miedo
a que te echasen otra soga al cuello.
Cambias por completo hasta que casi ni te reconoces,
física y mentalmente, te ves consumido por las penas, más frío
y con un cuerpo que cuesta mantener erguido.
Miras a tu alrededor buscando una mano para que te guíe entre la multitud,
observas como el cofre de los sueños permanece en un rincón sin poder abrirse
porque no parece existir llave que pueda con su cerradura.

Te preguntas una y otra vez qué es lo que está mal contigo,
pero sabes que no encontrarás la respuesta.
Tratas de camuflarte para ser aceptado en algún grupo de personas
que no te utilice para luego deshacerse de ti, aunque suene tan imposible
como dibujar esa sonrisa falsa y no parecer un amargado cuando estás abatido;
reírte porque estás distraído, desconectado del mundo, pero no feliz.
Intentas convencerte de que no recuperarás lo que una vez tuviste
y te arrebataron de la noche a la mañana, todos los días, fallando siempre;
te desvelas por los recuerdos de los errores que cometiste,
por las palabras que te dejaron sin respiración porque se sintieron como puñetazos
en el estómago al ser soltadas sin cuidado,
por pensar en lo que pudo haber sido...
Y te dices que no, que tienes que estar entero y reconstruir por tu cuenta
todo lo que está hecho añicos para resurgir de tus cenizas como ave fénix.

¿Cómo vas a hacerlo si ya llevas tiempo apagándote lentamente?

Todo genial

Qué fácil es elaborar una escusa para evitar algo o a alguien;
qué fácil es fingir que una persona te importa para que esté de tu lado;
qué fácil es preocuparte por los demás para enterarte de todo;
qué fácil es hacerse el angelito para que no te juzguen mal;
qué fácil es salir corriendo cuando la situación no es favorable;
qué fácil es hablar a distancia o a las espaldas en vez de cara a cara;
qué fácil es manipular la memoria de alguien con negaciones;
qué fácil es olvidarse del daño que una vez causaste.

 Y qué difícil es seguir haciéndose el tonto y hablando como si nada.

viernes, 23 de junio de 2017

La llamada

Han vuelto a llamarme
después de tanto tiempo en el silencio,
sin noticias desde aquel día que la vida alteró nuestros caminos
tras un golpe seco, hace años, ya ni recuerdo sus caras de entonces.
Algunas personas se encontraron, otras se quedaron atrás
o se alejaron de lo que un día ganaron y nunca recuperarán.
No sé qué gané yo,
tampoco me interesa saberlo, no es importante ahora;
nada es igual que antes, pero siento una calidez extraña
que nunca antes me había abarcado,
es incómoda y comfortable a la vez.

¿Marcharme o quedarme?
La pregunta que me acosaba durante toda la noche
privándome de un descanso que necesitaba,
no saber si es la luz o la oscuridad que vuelve para poner fin
a esta cadena de desastres innaturales que me ata.

Darme un respiro...                              ...o hundirme más.

Me da miedo pensar que no puedo tomar una decisión
y es verdad que mi existencia depende de algo o alguien
que me abre un camino hacia un nuevo amanecer
o hacia una noche más negra, perturbadora.
El no saber si volver a tratarles de compañeros y compañeras,
confiar a pesar de todo ignorando el odio indiscriminado
que nos tenía -y nos tiene- corruptos.

Quizá no tenía que haber respondido.

jueves, 15 de junio de 2017

Nunca ha sido ni será fácil

Nunca me lo han puesto fácil, tampoco lo será alguna vez,
ni me ayudarán a recuperarme por completo
de lo que me hicieron una vez y se grabó a fuego en mi cerebro.
Las noches en las que sus recuerdos se vuelven pesadillas
y me persiguen allá a donde vaya, a veces miran,
otras ignoran, en ocasiones torturan.
No hay descanso ni cuando el sol cede su turno a la luna, paciente,
que ha estado esperando a reinar el cielo nocturno.

Busco un abrazo entre estas telas sobre las que desnudo me hallo,
empapado en sudor por culpa de este calor sofocante.
No encuentro nada, sólo más desesperación
por tomar una bocanada de aire fresco
o la posibilidad de que surja una distracción para
abandonar los pensamientos no deseados en la estación
mientras parto hacia un destino incierto en el tren del ensueño.
Aspiraciones que un día parecían posibles, sencillas,
algunas llegaron, pero que existieron en un espacio temporal breve,
tan breve como las alegrías que me trajeron y que ya no recuerdo.
No me veo con una sonrisa que diga "estoy bien" y que no sea
un farol que oculta un suplicio inexplicable.

Observo las fotos de cuando era un crío hipersensible
que lloraba por cualquier tontería y le temía a todo,
hasta los juguetes se volvían monstruos en la noche.
Me pregunto si seguiré siendo así en mi interior,
si esto no es más que una armadura castigada, oxidada,
cayéndose a pedazos en cada batalla
y provocando rechazo a primera vista.
Necesito ser querido, valiente y fuerte, pero no puedo
ahora que todo vuelve a caer sobre mi conciencia
y estoy más solo y triste que nunca.
Estaría rodeado de cien almas y lo único que conseguiría
sería irritarme o sentirme abandonado en la nada.

Nunca me lo han puesto fácil, tampoco lo será alguna vez,
ni me ayudarán a recuperarme por completo.

No espero que alguien venga y me rescate, pero lo deseo.

El ente de la añoranza

Deforme, horrible, dolorido, rabioso, triste y abandonado.

Vive en un mundo para el que no fue hecho, viaja sin un destino fijado -más que el de la muerte- por caminos que cada vez se muestran más pedregosos y castigados dificultando el viaje hacia algo no asegurado. Un bosque con árboles negros que se alzan hasta alturas desconocidas; algunos caen muertos sobre el trayecto y las ramas de otros lo cubren como si la misma oscuridad agarrase la existencia de aquel ente, inmovilizándole, prohibiéndole huir de sus demonios que le asaltan a cada rato y le debilitan.

Acompañantes de alquiler solían caminar a su lado hasta que el interés decaía y le abandonaban. Otras veces era él quien decidía separarse, no porque fueran un lastre, sino porque no iba a poder mantenerlos por mucho tiempo debido a la escasez de recursos. Se queda sin aliento y para colmo va cuesta arriba, apoyándose ya sobre sus brazos para avanzar unos metros más antes de desmayarse o sufrir otro ataque.

Aves con alas negras vuelan en un desorden sobre la zona. El sonido del aleteo es tan intenso que acaba dando dolor de cabeza al escucharlo durante unos minutos; la lluvia no llega, hace frío en el interior del cuerpo, pero el exterior arde. Llamas invisibles abrasan la piel. El aire se vuelve irrespirable sengún la situación, creando áreas muertas y vacías sobre las que no crece nada, ni siquiera aquellos árboles ya mencionados. Los caminos desaparecen y son reemplazados por la nada sobre la que flota esta criatura cruzando los dedos para volver a pisar tierra firme.

Lo pierde todo. Da igual que la lucha sea fácil o complicada, su duración o los enemigos; siempre se le caen las medallas que gana y la experiencia desaparece, escapándose entre sus dedos, dejándole igual que al principio. Añora los momentos en los que todo parece brillar tras haber recibido una recompensa que llevaba tiempo esperando; echa de menos a compañeros y compañeras que una vez fueron agradables con él, con muestras de afecto mutuas que quedaron en nada con el pasar de los días.

A veces ve su reflejo en los cristales que encuentra en el suelo y recuerda una vez más que es asqueroso, un monstruo al que el paso del tiempo ha maltratado. Puede ver sus deseos más oscuros intentando hacerse realidad, pero los detiene, les deja la cadena bien corta para que no se muevan mucho y acaben tomando el control de su maltrecho cuerpo.

Tiene miedo de lo que pueda ocurrir mañana si el poco autocontrol que queda le falla.

No quiere estar solo.

miércoles, 14 de junio de 2017

Llegué tarde

Llegué
tarde
a tu vida.

Jamás
volveré
a confiar
en la hora
que marca
un corazón.

Del libro Mi chica revolucionaria, de Diego Ojeda.

Las tardes y las noches del invierno

Daría mi vida por volver a vivirlas,
rebobinar las triste historia de la que formo parte
para experimentar esa felicidad de nuevo
hecha una realidad y no una fantasía,
tener que dejar de imaginarme una vida cuasi perfecta
porque la vivo en el momento,
rodeado de poca gente, pero suficiente,
con mi gran amor presente cada día
a través de la red o en persona,
en un parque, en una tetería, en un bar...

En mi estación favorita del año.
Sí, con todo ese frío que se te mete en los huesos
y te hace tiritar al aire libre;
ese frío que a mi tanto me gusta.
La única estación en la que obtengo alguna victoria
depués de un año de puro sufrimiento y soledad;
deseo tomarme un café bien caliente mientras
comparto el momento con mi chica a solas
y la noche va cayendo poco a poco
mientras la lluvia golpea los cristales.

Saber que en ese instante estoy a salvo
y con una sonrisa real en mi cara,
que todo parezca que va bien,
que me haga llorar de alegría y los poemas
adornen mi mente al levantarme
por la mañana o al acostarme por la noche.
Poemas en los que se decían cosas distintas
a las que se vendían, pero era algo que yo desconocía.

Estaría dispuesto a morir tras revivir un simple mes
como aquellos con tal de volver a ser feliz.

Al menos una última vez y de verdad...

Tiempo muerto

Momentos en los que parece que nada importa,
frialdad en estado puro corriendo por las venas
y pensamientos sin peso alguno
que apenas se sienten.
Cicatrices que se desvanecen con el tiempo muerto,
detenido, los números se caen del reloj.

¿Qué es esta sensación?
¿Por qué me atrapa ahora?

Es incómoda,
como si no hubiese un presente al extinguirse el pasado
de una forma sobrenatural dejando dudas
que comienzan a orbitar mi cuerpo
creando un vacío que crece cuando impactan
sobre mí, pero no cortan, no oprimen, no asfixian.
Se notan en el interior, mas no hacen ruido.

¿Ha acabado todo?
¿Es una ilusión o una realidad?

Las respuestas no arriban
y las comunicaciones con el mundo se interrumpen.
Parece otra dimensión de mi mente,
es fría como una helada en invierno
y silenciosa, tal vez demasiado.
No es de mi agrado, no sé como escapar de aquí
o simplemente no puedo hacerlo ahora.

¿Me han abandonado los sentimientos?
¿Es posible que esté muerto pero siga respirando?

Harto

Así estoy: harto.

Harto de esta vida de mierda que vuelve a aplastarme
como ya hizo años atrás, quitándome fuerzas para continuar.
Las ganas de luchar por algo mejor están muertas,
no queda nada, ni siquiera su cadáver,
desaparecieron aquel día sin avisar de lo que venía
a lo lejos con el objetivo de ponerme de rodillas.

Que me entren ganas de vomitar sólo con recuerdos,
que el corazón se acelere hasta doler,
que la cabeza me torture y me vuelva loco
llegando a empujarme para que cometa locuras que es mejor callarse,
las cuales puedo detener a tiempo, no sé cómo.
Es el día a día que me han dejado programado esas bestias
con apariencia humana que viene y se van,
me recuerdan que doy asco,
me hacen sentir mal por haber abandonado los estudios por su culpa,
dejan caer a propósito que no existe un futuro,
cuentan mentiras que no se creen ni en su cabeza
y esperan que todo sea normal otra vez.

No le importo a nadie.

Siempre fue así, pero nunca llegué a acostumbrarme
ni a fingir que nada me duele, porque acaba doliendo más.
No tengo ni la menor idea de qué cara poner o qué responder
cuando me dicen que me tienen cariño,
que sienten lo ocurrido,
que lo entienden.

No va en serio, es una fachada más.

lunes, 12 de junio de 2017

Canciones

Mi guitarra lleva tanto tiempo abandonada que ya he olvidado aquellas canciones que compuse y nunca fueron escuchadas más que por las paredes de mi habitación.

No es novedad

Fingir que no duele acaba doliendo más.

sábado, 10 de junio de 2017

Ese momento

Ese momento en el que no sabes cómo sentirte y te entran ganas de llorar, gritar, destrozar algo, hacerte daño y desaparecer al mismo tiempo.

Y aquí sigo

Frente a una pantalla, con el pecho vacío, los ojos rojos, los brazos llenos de marcas y sin inspiración para escribir poesía una noche más.

viernes, 9 de junio de 2017

No soy poeta

Sólo soy un idiota asqueroso que escribe algún poema o se queja de algo y luego va a la cama a llorar como un dramático de mierda.

Quiero...

...una razón para existir.
...volver a vivir aquellos momentos.
...algo que me llene.
...no pensar en desaparecer cada día.
...que las noches dejen de bañarse en lágrimas.
...poder respirar de nuevo.
...alguien que me haga creer en un cambio.
...salir de esta prisión.
...que el dolor pare.

Y si no consigo nada, que alguien venga y me ayude a terminar con esta mierda de vida, porque sigo echándome para atrás como un cobarde cuando parece ser la única solución.

He perdido la cuenta

Ya no sé cuántas veces me dijiste "te amo" cuando lo que hacías era alejarte un poco más de mí.