Tendemos a ser conformistas porque no nos vemos capaces de cruzar
nuestras metas y eso hace que las que nos pongamos sean cada vez más
fáciles de alcanzar; así, constantemente. Cada objetivo
más simple que el anterior, en vez de ir progresando para superarnos.
Conformarse con poco -y cada vez menos- no renta. Es como rendirse en mitad de una batalla o lo que es peor: decidir darse la vuelta justo en el momento que el olor de la victoria empezaba a hacer acto de presencia. Tienes la recompensa por tu esfuerzo a la vuelta de la esquina, tan merecida, tan deseada, y la acabas estrellando contra el suelo para pisotearla antes de marcharte.
Debes ser fiel a tu bandera, cuyos colores son tu personalidad, tu apariencia y tu mentalidad; nunca jures lealtad a la bandera de otra persona porque esta puede traicionarte. Ten claro qué es lo que vas a hacer.
¿Quieres luchar o no?
No importa que decisión tomes siempre que haya una buena razón detrás. Una victoria puede justificarse al igual que una derrota, pero no una rendición cuando ya estás en la trinchera bajo ataque.
No hay comentarios:
Publicar un comentario