Cuando llegas al punto en el cual te preguntas qué haces con tu vida sabes que es el momento de ponerse manos a la obra otra vez. Empiezas a ver como el tiempo se escurre entre tus dedos sin que puedas retenerlo; es rápido e imparable, como un autobús que se pierde en la distancia cuando te encuentras en la parada anterior exhausto después de haber corrido ridículamente para alcanzarlo.
Miras atrás intentando encontrar algún logro para sentir que has sido productivo alguna vez en tu vida, pero fracasas en la búsqueda.
Poco a poco te vas dando cuenta de que no siempre ha sido culpa tuya el haberte ido con las manos vacías en más de una ocasión, sino que hay determinados factores que afectaron al desenlace. Es díficil de ver y más de asimilar, pero por desgracia la realidad es esa.
Una cosa es cagarla en algo y otra muy distinta es que alguien eche a perder todo tu trabajo, a veces sin querer, sin tener en cuenta el daño que te acaba de causar porque ese esfuerzo utilizado para alcanzar un objetivo no lo ha puesto esa persona; ha sido tuyo y te merecías un premio, los frutos de ese duro trabajo que ahora arden en una hoguera cuyo fuego es avivado constantemente, llegando a quemarte a ti también.
Siempre se puede recuperar algo empezando a hacerlo de nuevo, pero es imposible recuperar el tiempo invertido en la tarea. Es eso lo que te hace sentirte inútil en cada tarea que realizas.
No duele gastar energías y recursos en conseguir un logro para que luego desaparezca. Lo que realmente duele es que has gastado parte de tu existencia para quedarte igual que al principio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario