La vida nunca fue fácil para ellos. Primero viven condiciones extremas y ahora pelean contra un gobierno que sólo busca enriquecerse a costa de exterminar sueños sobre una existencia pacífica y estable, explotando a estas personas sin hacerles siquiera un contrato legal para poder lucrarse pagándoles una miseria a cambio de todo su trabajo y esfuerzo; además de enfrentarse al miedo y rechazo a los extraños que la sociedad ha creado con sus ideas xenófobas.
Son objetivos de todas las miradas, casi tanto como de las balas, los explosivos y de los comentarios repugnantes elaborados por bestias con cerebros que han sido bañados en la ignorancia y manipulados por los medios de comunicación que promueven la desinformación. Víctimas en busca de humanidad y de un lugar al que llamar hogar, pero que son culpadas de todas las desgracias que ocurren en nuestras capitales civilizadas, seguras e inocentes.
¿Para qué tenderles la mano cuando es más fácil señalarles con el dedo?
La humanidad está muerta, aunque espero que todavía se pueda salvar algo de ella.
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