jueves, 15 de junio de 2017

El ente de la añoranza

Deforme, horrible, dolorido, rabioso, triste y abandonado.

Vive en un mundo para el que no fue hecho, viaja sin un destino fijado -más que el de la muerte- por caminos que cada vez se muestran más pedregosos y castigados dificultando el viaje hacia algo no asegurado. Un bosque con árboles negros que se alzan hasta alturas desconocidas; algunos caen muertos sobre el trayecto y las ramas de otros lo cubren como si la misma oscuridad agarrase la existencia de aquel ente, inmovilizándole, prohibiéndole huir de sus demonios que le asaltan a cada rato y le debilitan.

Acompañantes de alquiler solían caminar a su lado hasta que el interés decaía y le abandonaban. Otras veces era él quien decidía separarse, no porque fueran un lastre, sino porque no iba a poder mantenerlos por mucho tiempo debido a la escasez de recursos. Se queda sin aliento y para colmo va cuesta arriba, apoyándose ya sobre sus brazos para avanzar unos metros más antes de desmayarse o sufrir otro ataque.

Aves con alas negras vuelan en un desorden sobre la zona. El sonido del aleteo es tan intenso que acaba dando dolor de cabeza al escucharlo durante unos minutos; la lluvia no llega, hace frío en el interior del cuerpo, pero el exterior arde. Llamas invisibles abrasan la piel. El aire se vuelve irrespirable sengún la situación, creando áreas muertas y vacías sobre las que no crece nada, ni siquiera aquellos árboles ya mencionados. Los caminos desaparecen y son reemplazados por la nada sobre la que flota esta criatura cruzando los dedos para volver a pisar tierra firme.

Lo pierde todo. Da igual que la lucha sea fácil o complicada, su duración o los enemigos; siempre se le caen las medallas que gana y la experiencia desaparece, escapándose entre sus dedos, dejándole igual que al principio. Añora los momentos en los que todo parece brillar tras haber recibido una recompensa que llevaba tiempo esperando; echa de menos a compañeros y compañeras que una vez fueron agradables con él, con muestras de afecto mutuas que quedaron en nada con el pasar de los días.

A veces ve su reflejo en los cristales que encuentra en el suelo y recuerda una vez más que es asqueroso, un monstruo al que el paso del tiempo ha maltratado. Puede ver sus deseos más oscuros intentando hacerse realidad, pero los detiene, les deja la cadena bien corta para que no se muevan mucho y acaben tomando el control de su maltrecho cuerpo.

Tiene miedo de lo que pueda ocurrir mañana si el poco autocontrol que queda le falla.

No quiere estar solo.

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