Qué fácil es elaborar una escusa para evitar algo o a alguien;
qué fácil es fingir que una persona te importa para que esté de tu lado;
qué fácil es preocuparte por los demás para enterarte de todo;
qué fácil es hacerse el angelito para que no te juzguen mal;
qué fácil es salir corriendo cuando la situación no es favorable;
qué fácil es hablar a distancia o a las espaldas en vez de cara a cara;
qué fácil es manipular la memoria de alguien con negaciones;
qué fácil es olvidarse del daño que una vez causaste.
Y qué difícil es seguir haciéndose el tonto y hablando como si nada.
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