jueves, 15 de junio de 2017

Nunca ha sido ni será fácil

Nunca me lo han puesto fácil, tampoco lo será alguna vez,
ni me ayudarán a recuperarme por completo
de lo que me hicieron una vez y se grabó a fuego en mi cerebro.
Las noches en las que sus recuerdos se vuelven pesadillas
y me persiguen allá a donde vaya, a veces miran,
otras ignoran, en ocasiones torturan.
No hay descanso ni cuando el sol cede su turno a la luna, paciente,
que ha estado esperando a reinar el cielo nocturno.

Busco un abrazo entre estas telas sobre las que desnudo me hallo,
empapado en sudor por culpa de este calor sofocante.
No encuentro nada, sólo más desesperación
por tomar una bocanada de aire fresco
o la posibilidad de que surja una distracción para
abandonar los pensamientos no deseados en la estación
mientras parto hacia un destino incierto en el tren del ensueño.
Aspiraciones que un día parecían posibles, sencillas,
algunas llegaron, pero que existieron en un espacio temporal breve,
tan breve como las alegrías que me trajeron y que ya no recuerdo.
No me veo con una sonrisa que diga "estoy bien" y que no sea
un farol que oculta un suplicio inexplicable.

Observo las fotos de cuando era un crío hipersensible
que lloraba por cualquier tontería y le temía a todo,
hasta los juguetes se volvían monstruos en la noche.
Me pregunto si seguiré siendo así en mi interior,
si esto no es más que una armadura castigada, oxidada,
cayéndose a pedazos en cada batalla
y provocando rechazo a primera vista.
Necesito ser querido, valiente y fuerte, pero no puedo
ahora que todo vuelve a caer sobre mi conciencia
y estoy más solo y triste que nunca.
Estaría rodeado de cien almas y lo único que conseguiría
sería irritarme o sentirme abandonado en la nada.

Nunca me lo han puesto fácil, tampoco lo será alguna vez,
ni me ayudarán a recuperarme por completo.

No espero que alguien venga y me rescate, pero lo deseo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario