Por muy grande que sea una piedra volverás a tropezarte,
aunque esté señalizada y tenga luces de emergencia
nunca será suficiente para evitar que el accidente se repita.
Cuando reemplazas tus ojos con apariencia sana por aquellos
enrrojecidos que escuecen y no te dejan ver
empiezas a correr en esa dirección sin saber qué estás pisando,
convenciéndote de que el obstáculo fue apartado,
que será diferente,
que no hay que temerle a nada,
que todo irá... ¡BAM! ...mal otra vez.
De cara en el suelo, a la altura de tus ambiciones que yacen partidas
sobre la superficie en miles de pedazos con aristas cortantes
que te abren la piel y hacen que vuelvas a sangrar
cuando decides recojerlos para reconstruirte,
para levantarte y jurarte que no cometerás el mismo error ni una vez más.
Ya está, se acabó.
Esa fue la última de todas las últimas veces que jurastes que sería la última,
al menos hasta que te de por correr ignorando las advertencias.
Pero sabes que no puedes fiarte ni de tu sombra cuando te ataca esa sensación,
la que te obliga a cometer acciones que fueron escritas en tu lista negra,
la misma que tiene un subtítulo en rojo y de gran tamaño que reza:
"NO VOLVERÉ A HACERLO"
seguido de prohibiciones que ocupan todos los espacios de esa lista,
sin dejar hueco para las que puedan venir después.
Y vuelves a hacerlo.
Y vuelves a sangrar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario