viernes, 5 de mayo de 2017

Tierra de nadie

Vuelve a llover tras un periodo de sequía
que ya estaba durando demasiado,
las gotas descienden formando una cascada
cristalina humedeciendo la tierra inerte
sobre la que cae mientras esta se retuerce
como si le doliera cada impacto que recibe.

El sonido del viento se oye en la distancia,
soplando fuerte sobre la superficie agrietada
que parece cobrar vida al rozar placa con placa
originando un terremoto de magnitud diez
en la escala del suplicio impuesto por el pasado.
Los ríos hierven con la rabia de la incomprensión
y los rayos empiezan a descargarse
desde el cielo gris rosáceo que da sombra
a este paisaje innatural ya erosionado.

No queda nada que habite esta corteza.
Todos los seres han muerto,
han huido despavoridos
o simplemente no ha puesto un pie en ella
luego de descubrir que no estaban hechos
para ganarse un lugar aquí y que eran incapaces
de sobrevivir a esos microapocalipsis que golpean
en esos momentos tan críticos, sin preparación.

Esta tierra seguirá muerta durante mucho tiempo.
La vegetación seguirá siendo negra;
los ríos, rojos como la sangre
y el espíritu de la soledad seguirá deambulando
por aquí ansioso por ser liberado de sí mismo,
esperando a que el amor por la vida regrese
y la luz vuelva a abrirse paso entre los nubarrones.

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