sábado, 27 de mayo de 2017

Noches eternas

No encuentro el sueño.

El cabrón se esconde muy bien entre las sábanas
en esta noche tan solitaria y tranquila,
aire fresco entrando por la ventana
y haciendo bailar a las cortinas blancas
que dejan pasar la poca luz del patio interior.

Doy vueltas sin cerrar los ojos.

La temperatura comienza a subir y respirar se hace difícil,
no sé por qué, ocurre sin más.
El oxígeno escasea, la piel se humedece con el sudor
que se nota frío mientras desciende por la palidez
y las extremidades dejan de responder.

Inmóvil, boca arriba.

Mirando al blanco que se refleja en el techo,
haciéndome preguntas a mí mismo sobre lo que fue
y lo que pudo ser de aquellas aventuras
que un día viví, pensando que no tendrían un final,
que durarían para siempre, por siempre.

Ciego fui y así seguiré siendo.

Nunca dejaré entrar a mi mente que las personas se van,
a veces se mueren, otras veces te abandonan
y luego está cuando confías tanto en ellas que les das una pistola
pensando que te cubrirán la espalda,
pero te vacían el cargador en el corazón.

Y te dejan sangrando en el arcén mientras su coche se aleja.

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