¿Por qué cada día se hace más real eso de que nunca existí para ti?
Gasté todo mi aliento para estar contigo,
me separé de lo que anteriormente me daba la vida
porque ya no me hacía falta,
porque tú estabas a mi lado, o eso parecía.
Estrellaba mis labios contra toda la superficie de tu piel.
Todo empezaba, sin prisas, en tu frente,
recorría tu rostro hasta llegar a tus labios,
me dejaba caer por tu cuello,
escalaba aquellas montañas hasta conquistar la cima de cada una,
hacía senderismo por tu abdomen a paso lento,
me perdía en el valle del sexo.
Iba detrás de tí,
respiraba luego de que tú lo hicieras
por miedo a que te faltase el oxígeno para seguir estando en pie,
cerca de mí, al menos durante un instante.
No pedía más, sólo eso.
Poder aferrarme a ese salvavidas que me arrojabas
casi insconscientemente, sin tú darte cuenta de que me hacía falta,
que me ahogaba cuando nuestras pieles no conectaban
y tenía que camuflar el daño que me hacías.
Sí, porque dolías... Mucho.
Pero valía la pena con tal de ver aquel tesoro al que llaman sonrisa
escapando de ti silenciosamente al hacer contacto visual,
cuando nuestros recuerdos parecían ocupar tu mente,
pensábamos en un futuro juntos que nunca se hizo realidad
y que tanto nos ilusionó, al menos a mí.
Promesas que desaparecieron para siempre en un parque,
a la vista de todos,
lacerando mi alma inocente al haber pensado que se cumplirían,
que ambos podíamos luchar por ellas.
Yo quería hacerlo. ¿Y tú?
Explícamelo, porque ni siquiera tengo claro si fui algo más
que un capricho para ti, una herramienta o un esclavo.
Echo de menos a la persona que eras cuando te conocí,
y lo peor de todo es que ya no te acuerdas de mí.
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